En muchas ocasiones, Jesús habló a sus discípulos acerca de su resurrección. En una ocasión, Jesús les dice que “sería entregado en manos de hombres y le matarían”, pero que “resucitaría al tercer día” (Mateo 16:21; Marcos 8:31; Lucas 9:22). Más adelante, cuando se acercaba a Jerusalén, nuevamente les dice que sería “entregado a los gentiles, que sería azotado y que le matarían”, pero que “al tercer día resucitaría” (Mateo 20:18-19; Marcos 10:33-34; Lucas 18:32-33). En otra ocasión, incluso les avisa que “después que haya resucitado” iría delante de ellos a Galilea (Mateo 26:32). Por tanto, los discípulos habían escuchado a Jesús decir muchas veces que resucitaría de entre los muertos. Ellos podrían haber esperado fervientemente que Jesús resucitara al tercer día, tal como lo había anunciado.
Sin embargo, los discípulos no esperaban una resurrección de Jesús. Los evangelios así lo relatan. Cuando las mujeres fueron al sepulcro con especies aromáticas (Marcos 16:1; Lucas 24:1), fueron con la intención de preservar el cuerpo de Jesús, no ver una resurrección. Y cuando hallaron la tumba vacía quedaron tristes y perplejas (Lucas 24:4), y lo primero que pensaron no fue que Jesús habían resucitado, sino que habían sacado el cuerpo de Jesús y lo había puesto en otro lugar (Juan 20:2). Y cuando llegó la noticia de que Jesús había resucitado, los discípulos no lo creyeron (Marcos 16:11,13). Incluso algunos se resistieron a creer hasta no ver y palpar las heridas de la crucifixión (Juan 20:24-28). Entonces, ¿por qué los discípulos no se esperaban la resurrección de Jesús al tercer día, como él lo había dicho? Pues la respuesta se encuentra en el pensamiento judío acerca de la resurrección.
La creencia en la resurrección comenzó a florecer en Israel en la época del Segundo Templo. Por tanto, no era algo extraño para los discípulos escuchar a Jesús hablar acerca de la resurrección. Sin embargo, la resurrección de Jesús no encajaba en el concepto judío de la resurrección, principalmente por dos aspectos: primero, en la teología judía la resurrección tendría lugar al final de la historia humana, no en medio de la historia. Y segundo, la resurrección involucraría a todo el pueblo, no a una sola persona [1]. En otras palabras, los judíos creían que la resurrección a la gloria era un evento colectivo que tendría lugar al final de la historia.
Por una parte, los judíos creían que la resurrección de los justos tendría lugar en el fin de los tiempos (Daniel 12:1-2). Este pensamiento se puede encontrar en los evangelios. Cuando Jesús le habla a Marta acerca de la resurrección de Lázaro, ella responde: “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero” (Juan 11:24). De la misma manera, cuando Jesús anuncia a sus discípulos que resucitaría de entre los muertos, ellos pensaron que hablaba del fin del mundo (Marcos 9:9-10,31-32). De esta manera, la idea de una resurrección anticipada, antes del fin del mundo como la de Jesús, no existía en el judaísmo.
Por otra parte, los judíos esperaban una resurrección general de los muertos, de todo el pueblo de Israel o de la humanidad, pero no la resurrección de un solo individuo (Isaías 26:19; Ezequiel 37). Aunque las Escrituras hebreas relatan casos de resucitaciones individuales, como el hijo de la viuda de Sarepta (1 Reyes 17:17-24), el hijo de la sulamita (2 Reyes 4:18-37) o el hombre que tocó los huesos de Eliseo (2 Reyes 13:20-21), sólo se tratan de regresos a la vida terrenal, no a la gloria eterna [2]. Pero en la resurrección de Jesús, Dios levantó a un solo hombre desde la muerte a la vida eterna. Además, la idea de que la resurrección de los justos dependiera de alguna manera de la resurrección del Mesías era un concepto desconocido. Sin embargo, Pablo dice que Cristo fue resucitado como el primero de muchos: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1 Corintios 15:20) [3].
Por tanto, las ideas judías acerca de la resurrección hicieron que los discípulos nunca entendieran las palabras de Jesús cuando les decía que resucitaría al tercer día (Lucas 18:31-34). Los discípulos esperaban que Jesús resucitara a la vida eterna junto con el resto de los justos en el fin de los tiempos. Sin embargo, los discípulos ¡vieron a Jesús vivo! ¡Tocaron sus heridas! Esto fue suficiente para comprender que Jesús se había levantado de entre los muertos a la gloria eterna.
REFERENCIAS
[1] Reasonable Faith. Willian Lane Craig. “Jesus' Resurrection”. Disponible en https://www.reasonablefaith.org/writings/scholarly-writings/historical-jesus/jesus-resurrection
[2] Joachim Jeremias (1971). “New Testament Theology”.
[3] Ulrich Wilckens (1981). “La resurrección de Jesús: estudio histórico-crítico del testimonio bíblico”.

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