“Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Marcos 8:34).
Pero, ¿qué significaba realmente "tomar la cruz"? Generalmente pensamos que “tomar la cruz” significa soportar algún tipo de sufrimiento. Jesús llevó su cruz camino a la ejecución, soportando el peso de la cruz y el dolor de las heridas. Entonces decimos que “tomar la cruz” significa hoy en día soportar algún problema cotidiano, como alguna dolencia física, la escasez económica, una suegra insoportable o un jefe irritante.
Sin embargo, cuando Jesús pronunció estas palabras, todavía no había sido crucificado. Los discípulos difícilmente podrían haber imaginado a Jesús cargando una cruz rumbo a la ejecución. Entonces, ¿qué habrían entendido los discípulos cuando escucharon decir que tenían que “tomar su cruz cada día” para seguir a Jesús? Si bien la cruz también implica sufrimiento y dolor, en el pensamiento judío se asociaba principalmente con la vergüenza.
En el mundo bíblico, el honor y la vergüenza regían la sociedad y la vida en comunidad. En Occidente, la identidad de una persona es algo individual, pero en Oriente Medio, la identidad era colectiva, se definía a través de los ojos del grupo. Un judío era hijo de alguien, miembro de una tribu, y parte del pueblo de Israel. Por tanto, las acciones individuales tenían consecuencias inmediatas para todo el grupo. De manera que, si una persona cometía un acto vergonzoso, toda la familia y la comunidad compartían la vergüenza [1].
Las consecuencias de la deshonra y la vergüenza eran catastróficas. En primer lugar, se perdía el reconocimiento de la comunidad. Las relaciones con amigos y vecinos eran cortadas. Además, casi todos los negocios dependían del honor y la reputación, por lo que caer en la vergüenza provocaba la cancelación de los contratos y la ruina económica. La culpa por la vergüenza no sólo era individual, sino colectiva. El nombre de la familia quedaba manchado por generaciones, lo que perjudicaba las alianzas matrimoniales de los hermanos o hijos. Por tanto, la familia terminaba expulsando al que había caído en deshonra [2].
La tradición judía consideraba la cruz como la máxima vergüenza pública. La crucifixión implicaba morir colgado en un madero, y todo colgado en un madero era considerado “maldito por Dios” (Deuteronomio 21:23). Esta era la peor sentencia de muerte en la ley judía. Esta sentencia tenía como propósito colgar a alguien vivo en un madero para exhibirlo públicamente como un “maldito” [3]. Entonces el crucificado era colgado de frente al pueblo, el cual solo podría mostrar desprecio y asco.
En este contexto, la crucifixión de Jesús no solo fue una muerte dolorosa, sino también la más humillante de todas. El Nuevo Testamento dice que Jesús sufrió “el oprobio” en la cruz (Hebreos 12:2). También dice que Jesús fue humillado con la peor de las muertes, la “muerte de cruz” (Filipenses 2:8). De hecho, algunos judíos llamaban a Jesús “maldito” por haber sufrido la crucifixión (1 Corintios 12:3). Por tanto, la predicación de un Mesías clavado a un cruz era considerada una idea repugnante y vergonzosa a los ojos de un judío, tanto que Pablo la califica como “locura para los gentiles y tropiezo para los judíos” (1 Corintios 1:23).
Cuando Jesús habló acerca de “tomar la cruz”, continúa más adelante hablando acerca de la vergüenza: “Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles” (Marcos 8:38). Sin duda, los oyentes judíos habrían entendido inmediatamente las palabras de Jesús. El hecho de “tomar la cruz” y seguir a Jesús implicaba no solamente sufrir el máximo dolor, sino también la máxima vergüenza [4]. La vergüenza de adorar a un Mesías crucificado costaría la reputación, el rechazo familiar, el desprecio de la sociedad, y hasta la propia vida (Mateo 10:35-38; Lucas 6:22).
REFERENCIAS
[1] David Desilva (2000). “Honor, Patronage, Kinship & Purity: Unlocking New Testament Culture”.
[2] Bruce J. Malina (1981). “The New Testament World: Insights from Cultural Anthropology”.
[3] David Chapman (2008). “Ancient Jewish and Christian Perceptions of Crucifixion”.
[4] Cesar Vidal (2020). “Más que un rabino”.

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