25 septiembre 2016

Génesis 15: El Pacto de Vida o Muerte

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Dice la Biblia que Dios le prometió a Abraham que haría de él una nación grande, y que a través de él todas las familias de la tierra serían benditas (Génesis 12:2). Más tarde, Dios le repetiría estas palabras diciendo que así como las estrellas del cielo sería su descendencia (Génesis 15:5). También le haría la promesa de que heredaría la tierra (Génesis 15:7).
 

Sin embargo, en aquellos tiempos los extranjeros no les era permitido poseer tierra, por lo que Abraham inmediatamente pregunta ¿cómo estaría seguro de que poseería la tierra prometida? (Génesis 15:8). La respuesta de Dios es aún más intrigante: ¡Tráeme un becerra, una cabra, un carnero, una tórtola y un palomino! (Génesis 15:9) Pareciera que la respuesta de Dios no tiene sentido con lo que Abraham le había preguntado. Sin embargo, para Abraham inmediatamente tuvo sentido.

En nuestros días, cuando dos partes se comprometen en algo, redactan un contrato con las especificaciones del acuerdo y lo firman. Sin embargo, en los días de Abraham los pactos muy importantes se hacían a través de un ritual muy raro y sangriento. Este ritual consistía en tomar algunos animales y cortarlos por la mitad longitudinalmente (desde la cabeza hasta la cola). Luego, cada mitad se ponía una frente a la otra quedando un pasillo de sangre en medio:

“Y tomó él todo esto,y los partió por la mitad,y puso cada mitad una enfrente de la otra;mas no partió las aves.” Génesis 15: 10 

Para el acuerdo, las partes debían cruzar este pasillo manchando con sangre sus vestiduras, y cuando se encontraban al medio intercambiaban promesas solemnes y maldiciones. Cuando cruzaban ambos decían: ¡Que así sea hecho si no cumplo con mi parte del pacto! Así este pacto era de vida o muerte. Si una persona rompía el acuerdo, la otra persona lo buscaba y lo mataba de una manera brutal, sangrienta y dolorosa, simbolizado en el descuartizamiento de los animales y la sangre por la cual ambos caminaron. Por ello, este ritual era conocido como el “pasillo de la muerte”, un pacto muy serio.



Esta práctica, aunque rara, era muy común en las comunidades del desierto del Medio Oriente en los días de Abraham, y partes de este ritual aún se sigue usando en la actualidad en algunas tribus de África. Más adelante, el ritual aún seguía usándose en los días del profeta Jeremías:


“Y entregaré a los hombres que traspasaron mi pacto,  que no han llevado a efecto las palabras del pacto que celebraron en mi presencia,  dividiendo en dos partes el becerro y pasando por medio de ellas; a los príncipes de Judá y a los príncipes de Jerusalén,  a los oficiales y a los sacerdotes y a todo el pueblo de la tierra,  que pasaron entre las partes del becerro,” Jeremías 34:18-19


Abraham tenía en mente realizar este mismo ritual con Dios. Sin embargo, cuando llegó el tiempo para hacerlo, dice la Biblia que Dios puso a Abraham en un “sueño profundo” (Génesis 15:12). La misma palabra se usa cuando Dios hizo caer en un sueño profundo a Adán y creó a Eva de una de sus costillas (Génesis 2:21). Se entiende entonces que Dios estaba por crear algo especial.

Mientras Abraham dormía, un horno humeando y una antorcha de fuego pasaban por el pasillo de sangre (Génesis 15:17). Todos los comentaristas concuerdan en que la presencia física de Dios se manifestó en la forma de estas dos figuras, y que al pasar solo por en medio de la sangre de los animales el pacto se volvió incondicional, donde Abraham no tomó parte del proceso ni asumió los compromisos legales. Fue aquel mismo día que Dios hizo un pacto con Abraham (Génesis 15:18).



Sin embargo, existe otra interpretación complementaria y muy interesante que le da un sentido mucho más potente a Génesis 15. Según followingmessiah.org, tanto Dios como Abraham sí participaron del ritual, pero fue Dios quien tomó lugar por Él mismo y por Abraham cuando éste dormía. ¿Por qué Dios no permitió que Abraham participara del ritual? Por una sencilla razón. Dios es eterno, y por lo tanto, por su lado el pacto sería eterno. Pero Abraham algún día moriría como todos los hombres, y por su lado el pacto moriría con él. Por ello, Dios pasó en su lugar para que por las dos partes el pacto fuera eterno. Esto significaba también que Dios asumía la responsabilidad legal de que Abraham cumpliera el pacto por su parte. 

Ahora bien, como ambos llevaron a cabo el ritual, ambos estaban comprometiéndose  legalmente. Por una parte, Dios estaba prometiendo guardar y mantener el pacto hecho a Abraham y a sus descendientes. Por la otra parte, Dios mismo – al pasar en lugar de Abraham por el pasillo de sangre- asumía la responsabilidad de asegurarse de que Abraham cumpliera su parte del pacto. Si alguno de los dos incumplía el pacto debía morir.  

¿Cumplieron ambos el pacto? Dios sí, pero Abraham y sus descendientes en muchas ocasiones no. Una de esas ocasiones se describe en Éxodo 32 y el becerro de oro. Entonces, si Abraham y sus descendientes no cumplieron, ¿quién debía morir? Esa es la gran pregunta. Dado que Dios tomó el lugar de Abraham en el ritual, entonces Dios asumía la responsabilidad legal si Abraham cumplía o no el pacto. Y como los descendientes de Abraham no cumplieron el pacto, ¡entonces Dios tenía que cumplir con su muerte! Si era así, ¿cómo Dios, que es Espíritu, podría morir físicamente y de una manera brutal, dolorosa y sangrienta, tal como el becerro en el ritual que había llevado a cabo con Abraham? La respuesta es lógica y obvia: ¡Dios debía volverse hombre como nosotros y morir para cumplir el pacto! 

Pues Dios mismo se encarnó y nació de una virgen (Lucas 2:30-33), siendo Dios y judío, descendiente de Abraham, la representación de las dos partes del pacto en Génesis 15. Jesús se refiere a que Abraham fue testigo de su venida y muerte (Juan 8:56). La muerte y resurrección de Jesús mantiene vigente el pacto entre Dios y Abraham y sus descendientes. ¡Y este pacto también es para nosotros!


“Y si vosotros sois de Cristo,  ciertamente linaje de Abraham sois,  y herederos según la promesa.” Gálatas 3:29

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04 septiembre 2016

¿Por qué Pedro fue el único de los discípulos en negarse a que Jesús le lavara los pies?

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La Biblia nos relata que, mientras compartían la cena de Pascua, Jesús se levantó de la mesa, tomó una toalla, puso agua en un lebrillo y comenzó a lavarles los pies a sus discípulos. Sin embargo, cuando intentó lavarle los pies a Pedro, éste se negó rotundamente. Pensemos entonces, ¿por qué Pedro se negó a que Jesús le lavara los pies?  Y más importante aún, ni Juan, ni Jacobo, ni Tomás, ni ninguno de los discípulos tuvo inconvenientes. Entonces, ¿por qué Pedro fue el único de los discípulos que no quiso que Jesús le lavara los pies? 


La respuesta radica en el contexto histórico en que se desarrolló la cena de Pascua. La mesa judía era una mesa larga con forma de U, la que en el siglo I llamaban triclinium. Sabemos que en la mesa habían puestos de importancia y otros de menos importancia (Lucas 14:7-9), los cuales estaban ordenados de izquierda a derecha. El puesto del anfitrión era el segundo en la mesa, mientras que a su derecha se sentaba el amigo de confianza, y a su izquierda se sentaba el invitado de honor. Si continuamos con este orden, el que se sentaba en el último puesto de la mesa era el encargado de servir. Sabemos por la Biblia que Jesús era el anfitrión: él estaba sentado en el segundo puesto. También sabemos que Juan estaba sentado a su derecha y Judas a su izquierda (más detalles aquí). 



Pero las evidencias bíblicas nos indican que Pedro estaba sentado en el último puesto de la mesa, en el de menor importancia. Primero, cuando Jesús afirmó que uno de los discípulos le iba a entregar, Pedro le hizo señas a Juan – quien estaba sentado al lado de Jesús – para saber quién habría de ser (Juan 13:23-24). La única forma en que Juan pudiera ver a Pedro es que estuvieran sentados frente a frente: Juan en los puestos de importancia y Pedro en los puestos de menos importancia. Segundo, cuando Jesús comenzó a lavar los pies a cada uno de sus discípulos la Biblia dice:

“Luego puso agua en un lebrillo,  y comenzó a lavar los pies de los discípulos,  y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Entonces vino a Simón Pedro;  y Pedro le dijo: Señor,  ¿tú me lavas los pies?” Juan 13:5-6 

En este versículo, la palabra “entonces” viene del griego “oun”, que quiere decir “y”. Si volvemos a leer el versículo, Jesús lavó los pies a uno por uno de sus discípulos “y entonces” llegó a Pedro. Claramente, Pedro estaba sentado en el último puesto de la mesa, y por lo tanto, el último al que Jesús le lavó los pies. Esto nos aclara el panorama. Pedro entonces había asumido el rol de siervo de aquella mesa, el discípulo designado para comprar las cosas, prepara la mesa (Lucas 22:8) y ¡lavar los pies de todos los que estaban en la mesa! Por esta razón, ninguno de los discípulos tuvo inconvenientes en el lavado de pies, excepto Pedro, quien entendió que él debía lavarle los pies a Jesús y no Jesús a él. Los roles se habían invertido. Jesús estaba asumiendo el papel de siervo. Pedro entonces se negó pues entendió que Jesús - como la persona más importante de aquella cena - se estaba humillando ante el siervo de la mesa. Claro está, la potente enseñanza de Jesús era que debemos servir y no esperar a ser servidos (Lucas 22:26-27).
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09 enero 2016

El nacimiento de Jesús y la Fiesta de los Tabernaculos

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La imagen de Jesús naciendo un 25 de diciembre en un pesebre rodeado de animales porque no había lugar para José y María en Belén puede estar algo distante de lo que la Biblia realmente enseña. Para comenzar, Jesús no nació en diciembre por una sencilla razón: cuando Jesús nació, los pastores estaban en los campos cuidando sus ovejas durante aquella noche (Lucas 2:8), algo que no se hacía en diciembre, pues es invierno en Israel. Entonces si Jesús no nació en este mes, ¿podemos saber cuándo nació Jesús? ¿Nació en un pesebre junto a los animales? Para conocer ésta y otras verdades debemos hacer una profunda investigación bíblica. 


Según el evangelio de Lucas, la historia del nacimiento de Jesús comienza con la anunciación del nacimiento de su primo Juan el Bautista. Esto ocurre cuando Zacarías estaba oficiando en el templo de Jerusalén (Lucas 1:8-9) y se le aparece el ángel Gabriel para decirle que su oración había sido escuchada y que Juan el Bautista nacería (Lucas 1:13). ¿Cuál oración de Zacarías había sido escuchada? ¿Estaba orando por un hijo? La respuesta es no. Los sacerdotes oficiaban en el templo durante una semana, donde - entre otras cosas - elevaban oraciones especiales todos los días. Una de estas oraciones era que el profeta Elías regresara. Para los judíos esto era muy importante, ya que el Mesías esperado no llegaría antes que viniese Elías (Malaquías 4:5). Zacarías estaba orando para que Elías volviese y el ángel Gabriel le anunció que esta oración en particular había sido escuchada por Dios y que su hijo mismo la cumpliría. Le dijo que Juan el Bautista nacería con “el espíritu y el poder de Elías” (Lucas 1:17). 

¿Podemos saber cuándo fue la anunciación del nacimiento de Juan el Bautista? Sí. La Biblia nos dice que todo esto ocurrió cuando Zacarías le tocó oficiar en el templo según la costumbre del sacerdocio. Según esta tradición, los sacerdotes se organizaban en 24 clases, y cada uno de éstos tenía asignado dos turnos en el año para oficiar en el templo durante una semana. Zacarías era de la clase de Abías (Lucas 1:5), por lo que tenía asignado el octavo turno del año (1 Crónicas 24:10). Si hacemos el conteo de semanas desde el primer mes de Nisán (Marzo-Abril) (Éxodo 12:2), y sin considerar las semanas de la fiesta de la pascua (tercera semana) y la fiesta de pentecostés (décima semana) donde todos los sacerdotes tenían que oficiar en el templo (Deuteronomio 16:16), el ángel le anunció a Zacarías el nacimiento de su hijo en la décima semana del año, en el mes de Tammuz (Junio-Julio). 


¿Podemos saber también cuando ocurrió la anunciación del nacimiento de Jesús? Sí. Sabiendo que el ángel Gabriel se le aparece a María cuando Elizabeth tenía seis meses de embarazo (Lucas 1:26-31), entonces la anunciación del nacimiento de Jesús debió haber ocurrido en el mes de Kislev (Diciembre-Enero), justo cuando los judíos celebraban la fiesta de la dedicación (Hanukah). Esta fecha cae muy cerca del 25 de diciembre, cuando celebramos Navidad. Si esto es así, Navidad debiera celebrarse como la fecha de la concepción de Jesús y no como la de su nacimiento. Precisamente, cuando Jesús estaba celebrando la fiesta de la dedicación (Juan 10:22-23), les comenzó a hablar a los judíos diciendo “Yo y mi Padre uno somos” (Juan 10:30), testificando de su concepción divina. 

Pero continuando con el relato, después del anuncio del nacimiento de Jesús (Diciembre-Enero), María inmediatamente visitó a Elizabeth cuando tenía seis meses de embarazo, y se quedó con ella cerca de tres meses (Lucas 1:56) hasta cuando dio a luz. Según los cálculos, estos tres meses cubren desde el mes de Kislev (Diciembre-Enero) hasta el mes de Nisán (Marzo-Abril), fecha en que los judíos celebraban la fiesta de la pascua y tiempo en que habría nacido Juan el Bautista. Esto es particularmente importante, puesto que los judíos siempre creían que Elías volvería a Israel en la pascua. Durante la comida de pascua los judíos tenían la costumbre de abrir las puertas con el fin salir a encontrar a Elías. Proféticamente era la fecha precisa para el nacimiento de Juan el Bautista y Jesús mismo confirma que era el Elías que los judíos esperaban (Mateo 11:13-14). 


Cuando Juan el Bautista nace, María tenía tres meses de embarazo, por lo que Jesús nacería seis meses después. Haciendo los cálculos, este periodo cubre desde el mes de Nisán (Marzo-Abril) hasta el mes de Tishrí (Septiembre-Octubre), fecha en que los judíos celebraban la fiesta de los tabernáculos (Sukkot). Veamos las palabras que dijeron los ángeles a los pastores: 

 "Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre." Lucas 2:10-12 

Los judíos llamaban a la fiesta de los tabernáculos como “la época de nuestro gozo” y también “la fiesta de las naciones”. En ella los sacerdotes daban vueltas al altar repitiendo el dicho “envíanos tu salvación”. Cuando el ángel se le aparece a los pastores en Belén claramente asocia el nacimiento de Jesús con la fiesta que se estaba celebrando en ese momento. Sabiendo que las profecías bíblicas son exactas, Jesús tuvo que haber nacido el primer día de la fiesta de los tabernáculos, el día 15 de Tishrí (finales de Septiembre - principios de Octubre). 

Durante esta fiesta los judíos construían tiendas temporales para vivir en ellas durante los siete días que duraba. En Génesis 33:17 se nos dice que cuando Jacob viajó a Sucot hizo “tiendas” (del hebreo sukah) para su ganado. La palabra “sukah” tiene su equivalencia en griego “phatne” traducida como “pesebre”, y Jesús la usó para referirse al lugar donde amarraban al ganado (Lucas 13:15). Tanto en hebreo como en griego, su significado tiene relación con las tiendas temporales que construían los judíos en la fiesta. Jesús no nació en un establo, ni rodeado de animales, ni tampoco en el lugar donde comían los animales. No hay ninguna referencia en las profecías ni en toda la Biblia que Jesús nació rodeado de animales. Tampoco nació en una gruta o caverna. Más bien, la Biblia apunta a que Jesús nació en una tienda temporal construida durante la fiesta de los tabernáculos. 


También el ángel les da una señal a los pastores, pero ¿por qué la señal sería encontrar al niño en un pesebre? Sabemos que la palabra “pesebre” es una referencia a una “sukah”, “tabernáculo” o “tienda temporal” que se construían en la fiesta. Dado el edicto del emperador romano de empadronarse en la ciudad de origen y por la peregrinación de multitudes a Jerusalén debido a la fiesta de los tabernáculos, José no encontró lugar ni en Belén ni en Jerusalén – ciudad cercana – por lo que tuvo que alojarse en una de estas tiendas temporales y esperar el nacimiento de Jesús allí. La señal dada a los pastores de encontrarlo en un tabernáculo (pesebre) sería inequívoca. Los nacimientos se hacían en las casas y no en las tiendas temporales, debido a que la sangre del parto contaminaba el tabernáculo. Pero el caso de Jesús sería extraordinario, pues sería el único recién nacido que estaría en un tabernáculo (pesebre) en todo Belén aquella noche, y no tendrían problemas para encontrarlo y saber que era el Mesías. 

El nacimiento de Jesús en la fiesta de los tabernáculos le da mucho sentido a varios pasajes bíblicos que hablan acerca de esto. Dios siempre quiso habitar con nosotros (Éxodo 25:8), por lo que la fiesta de los tabernáculos contenía un mensaje profético de que Dios habitaría en medio de nosotros. El profeta Isaías, más tarde, profetizaría que el Mesías sería llamado “Emanuel”, que significa “Dios con nosotros” (Isaías 7:14). En este sentido, Juan escribe acerca de Jesús relacionándolo con la fiesta de los tabernáculos: 

"Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad." Juan 1:14

La palabra “habitó” viene del griego “skenóo“ que significa “hacer un tabernáculo”. Las versiones más antiguas de este pasaje la traducían como “tabernaculizar”. Juan hace una clara referencia a la fiesta de los tabernáculos para indicar que Dios vino a habitar de manera temporal en medio de su pueblo. 

Pero hay más, ya que al octavo día de la fiesta los judíos celebraban “el regocijo de la Tora”; y ellos creían que la Torá algún día se volvería viva. Como hemos visto, Jesús nació el primer día de la fiesta y al octavo día fue circuncidado (Lucas 2:21), el mismo día del “regocijo de la Tora” (22 de Tishrí). En las palabras de Juan entendemos que Jesús era la Tora viviente: Y el Verbo (la Palabra) era Dios (Juan 1:1), y ese Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.
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10 agosto 2015

¿Qué estaba haciendo Saúl en la cueva cuando David tuvo la ocasión para matarlo?

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Luego de perseguir a los filisteos y siendo avisado del lugar donde estaba David, el rey Saúl decide ir a buscarlo al desierto de En-gadi para matarlo. La Biblia nos dice:


"Y cuando llegó a un redil de ovejas en el camino,  donde había una cueva,  entró Saúl en ella para cubrir sus pies;  y David y sus hombres estaban sentados en los rincones de la cueva." (1 Samuel 24:3)


Tradicionalmente se nos dice que Saúl entró a dormir a la cueva, pero un estudio un poco más profundo del lenguaje judío de aquel tiempo nos hará entender que Saúl no entró a la cueva para esto. La frase “cubrir los pies” (del hebreo “le-hasek et-raguelav”) era un eufemismo judío para expresar de manera más suave el acto de “defecar”. Otras versiones de la Biblia son un poco más explícitas. Por lo tanto, Saúl entró a “hacer sus necesidades” solo a la cueva, con sus tres mil soldados esperándolo afuera. Sin duda, era la oportunidad para que David, quien estaba escondido dentro, pudiera haberlo matado.



Otro caso similar ocurre cuando Aod se presenta ante el rey Eglón para entregarle un presente de parte de los israelitas, y teniendo la oportunidad de estar a solas con él, le quita la vida con un puñal de dos filos que llevaba escondido entre sus vestidos. La Biblia nos dice:


"Cuando él hubo salido,  vinieron los siervos del rey,  los cuales viendo las puertas de la sala cerradas,  dijeron:  Sin duda él cubre sus pies en la sala de verano." (Jueces 3:24)


Cuando los siervos dijeron que el rey “cubre sus pies en la sala de verano”, ellos pensaron que estaba “haciendo sus necesidades”, puesto que estaba encerrado en su cuarto y salía olor a estiércol, puesto que había sido apuñalado tan fuerte por Aod en el vientre que le rompió los intestinos dejando salir su propio excremento (Jueces 3:22).
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09 febrero 2015

El Principio del Tiempo y la Omnipresencia de Dios

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Este tema realmente es asombroso. A medida que vamos estudiando un poco más sobre el tiempo y la eternidad de Dios, van surgiendo también más preguntas que respuestas. Los científicos han llegado a concluir que el Universo tuvo un comienzo, que no es eterno. De manera que la materia, la energía, el espacio, e incluso el tiempo, tuvieron un comienzo. Así que alguna vez el Universo no existía, pero en algún momento llegó a existir, y para esto tuvo que haber habido una causa, o más bien dicho, un Creador (Gén 1:1). Esta sola idea nos lleva a dos conclusiones fascinantes:

Primero, para crear el espacio y el tiempo, el Creador de este Universo - nuestro Dios - debe estar fuera de ellos, es decir, debe ser inmaterial y atemporal. Esto implicaría que Dios no está sujeto a las limitaciones del espacio y el tiempo. La Biblia nos dice que Dios existía antes del principio del tiempo (Tito 1:2), y por lo tanto, no se ve afectado por el paso del tiempo. Por esta razón, Dios no cambia (Malaquías 3:6), no tiene mudanza, ni variación (Santiago 1:17). Al contrario, Dios habita en la eternidad (Isaías 57:15), en un lugar donde el tiempo no transcurre, donde Dios es el mismo ayer, y hoy y por los siglos (Hebreos 13:8). Entonces, para Dios no existe un pasado, un presente y un futuro, sino más bien un "eterno hoy", donde "Dios es".

"Y respondió Dios a Moisés:  YO SOY EL QUE SOY.  Y dijo:  Así dirás a los hijos de Israel:  YO SOY me envió a vosotros." (Exodo 3:14)

El “YO SOY” revela que Dios vive en este eterno hoy. Esto tiene otras implicancias. Si toda "existencia" está asociada al tiempo y al espacio, y Dios está fuera del tiempo y del espacio, entonces Dios "no existe" en ningún momento y en ningún lugar, simplemente "Dios es". Dios no está asociado a una existencia porque no fue creado. Dios no tiene una razón para ser, simplemente "Dios es".


Segundo, como Dios creó el Universo, entonces Dios debe ser más grande que el Universo, el espacio y el tiempo, y por lo tanto, está en todo lugar y en todo momento. Efectivamente, Dios llena todo el cielo y la tierra (Jeremías 23:24) y todas las partes del Universo. Dios está por sobre todo el espacio, por lo que puede estar en todos los rincones del Universo a la vez. El Dios que está ahora en Asia, es el mismo que está ahora en América. El mismo Dios que está ahora en la Tierra es el mismo que está ahora en Saturno. El mismo Dios puede estar en la galaxia más alejada de este Universo y al mismo tiempo puede estar en la molécula y átomo más pequeños en nuestro mundo. Y para incredulidad de muchos, Dios está aún en el Cielo con los salvados y al mismo tiempo en el Infierno escuchando los lamentos y gritos de sufrimiento de los perdidos:

"¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos,  allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado,  he aquí,  allí tú estás." (Salmos 139:7-8) 

Pero lo que más puede sorprendernos es la idea de que Dios puede estar en todo momento. El tiempo es complejo de explicar aún para los científicos. Es una realidad que el tiempo no transcurre uniformemente en todo el Universo. Está demostrado que el tiempo en el espacio exterior transcurre más lento que en la Tierra. No es real afirmar que si en la Tierra son las 12:00 en Marte también lo es. De hecho, Albert Einstein postulaba que existen muchos "ahora" en el Universo. El "pasado" en algún punto del Universo puede ser el "futuro" en otro punto de él. Si Dios está fuera y por sobre el Universo, Dios puede conjugar todos estos "ahora" en un "eterno hoy", viviendo en múltiples dimensiones de tiempo.

 
Ello quiere decir que Dios no tiene pasado, presente ni futuro, pues los está viviendo todos al mismo tiempo. Por eso Dios es el que es, el que era, y el que ha de venir (Apocalipsis 1:8), ¡Alucinante! Se han preguntado alguna vez, ¿cómo es que Dios conoce nuestro futuro si aún no ha ocurrido? Pues bien, Dios conoce tan bien nuestro pasado como nuestro futuro porque Él está viviendo ambos momentos a la vez. Está viendo nuestro futuro al mismo tiempo en que está viendo nuestro presente. Esto implicaría la inconcebible idea en nuestra mente de que Dios está viviendo "ahora" el Génesis y a la vez está viviendo "ahora" el Apocalipsis. Dios está en todos los momentos de la Historia humana "ahora". ¡Increíble! La Omnipresencia de Dios se refiere tanto al espacio como al tiempo. Dios está en todos los lugares y en todos los momentos a la vez.

"Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos;  porque yo soy Dios,  y no hay otro Dios,  y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio,  y desde la antigüedad lo que aún no era hecho;" (Isaìas 46:9-10)

Pero hay algo más sorprendente todavía, y es que Dios no sólo se mueve en distintas dimensiones de tiempo, sino también en distintas dimensiones de tiempo posible. Dios ve todos los posibles pasados, presentes y futuros. ¿Alguna vez se han preguntado qué sería de nuestra vida en el presente si hubiéramos hecho algo distinto a lo que hicimos en el pasado? Pues Dios puede ver el futuro posible de cada acción o decisión que hacemos o podríamos haber hecho. Dios conoce todas las posibilidades, lo que fue o pudo haber sido, lo que es o sería, y lo que será o podría ser en cualquier lugar del Universo:

"Y tú,  Capernaum,  que eres levantada hasta el cielo,  hasta el Hades serás abatida;  porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti,  habría permanecido hasta el día de hoy." (Mateo 11:23)

En este sentido y para ilustrarlo, consideremos que en nuestra concepción competimos con un millón de espermatozoides para fecundar en el óvulo materno, y si Dios nos conoce desde antes de entrar en el vientre de nuestra madre (Jeremías 1:5), entonces Dios conoce el millón de posibles otras personas que podrían haber nacido en lugar de nosotros, con nuestros mismos nombres, claro está con distintos rasgos físicos y personalidades. ¡Pensemos también que conoce este millón de posibilidades para cada ser humano que ha nacido desde el principio del mundo! ¡Alucinante! Por ello, más que cuestionarnos y querer cambiar cosas del pasado, debemos creer que Dios ha elegido el mejor presente posible para nuestras vidas, pues Dios conoce el resultado de cada una de las acciones o decisiones que podríamos haber hecho o tomado en el pasado.


Para concluir, muchos científicos creen que vivimos dentro de una especie de Matrix, un Universo hecho por leyes creadas por una Inteligencia Superior. La Biblia nos enseña que Dios nos ha prefijado el orden del tiempo (Hechos 17:24-26) como una de esas leyes. Así Dios puede interactuar con nosotros y obrar dentro del Universo, de manera temporal y en un lugar determinado. Esto es la inmanencia de Dios.

Pero a la vez, Dios está por sobre su Creación, por sobre el tiempo y el espacio. Dios está más allá de nuestro Universo y más allá del tiempo, mirando la eternidad pasada y la eternidad futura. Puede ver toda la Historia como un todo a la vez, siendo Él mismo el principio y fin (Apocalipsis 1:8), viajando en cualquier dirección del tiempo. Para Dios "un día es como mil años, y mil años como un día" (2 Pedro 3:8). Puede estar en todo tiempo y en todo lugar. Esto es la trascendencia de Dios. La grandeza de Dios es realmente inexplicable.
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