19 enero 2017

"Trinidad de trinidades": la firma de Dios en la Creación

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Esto es fascinante. En 1932 Nathan H. Wood publicó en su libro “Los secretos del Universo” una impresionante analogía entre Dios y el Universo, y llegó a la conclusión de que Dios creó el Universo como una trinidad, como un modelo de sí mismo (Institute for Creation Research). De manera que podemos encontrar la firma de Dios como Autor de la Creación en el sello trinitario en el Universo. Dice la Biblia: 

“Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.” Romanos 1:20 

Si logramos leer con cuidado, la Biblia está diciendo que ¡podemos entender la deidad de Dios simplemente observando las cosas creadas por Dios! Y si se trata de la deidad, uno de los conceptos más difíciles de tratar es la Trinidad. En término humanos, la Trinidad es un concepto muy difícil de entender y explicar. Pero, según la Biblia, ¿podemos entender la Trinidad de Dios simplemente observando las cosas creadas por Dios? Por supuesto que sí.


Sabemos actualmente que el Universo es tiempo, espacio y materia. Sin embargo, el Universo no es una parte de tiempo, una parte de espacio y una parte de materia. En realidad, el Universo entero es espacio, tiempo y materia (incluyendo la energía como forma de materia). Los tres son necesarios para que el Universo exista, y del mismo modo, los tres forman el Universo simultáneamente. La Biblia dice: 

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Génesis 1:1 

Vemos los tres componentes, el tiempo (“En el principio”), el espacio (“los cielos”) y la materia (“la tierra”), siendo creados por Dios simultáneamente al comienzo de la Creación. De manera que el Universo funciona como una tri-unidad. Por ello, los científicos lo llaman un continuo tiempo-espacio-materia. De manera similar, El Padre, Hijo y Espíritu Santo son tres personas distintas y necesarias para la deidad, pero al mismo tiempo, los tres simultáneamente forman la deidad. ¿Complejo cierto? Pues, si aún con el avance actual de la ciencia no comprendemos este Universo, mucho menos lograremos entender completamente a Dios, que es infinitamente superior.

Por ende, tanto el tiempo como el espacio y la materia trabajan distintamente pero simultáneamente como un Universo. E incluso se puede observar un paralelo entre estos tres componentes del Universo y las tres personas de la Trinidad. El espacio es el fondo invisible y presente en todo el Universo, tal como el Padre en la deidad. La materia revela la realidad del Universo, tal como el Hijo se reveló visiblemente. Y el tiempo hace que el Universo sea comprensible en los eventos que ocurren en él, tal como el Espíritu Santo nos revela todo. Y los tres, tiempo, espacio y materia, también funcionan en sí como una trinidad, formando aún una “trinidad de trinidades”

Por una parte, el tiempo es pasado, presente y futuro. El pasado no es igual al presente, y el presente no es igual al futuro. Pero tanto el pasado, como el presente y el futuro no forman tres “tiempos”, sino más bien, los tres son el “tiempo” y están en el “tiempo”. De igual forma, en la Trinidad no existen “tres dioses”, sino que las tres personas de la Trinidad son un solo “Dios” (1 Juan 5:7) y cada uno está en “Dios” (Juan 14:10-11). Y así también, el pasado, presente y futuro se relacionan entre sí, así como el Padre, el Hijo y Espíritu Santo se relacionan entre sí. El futuro es la fuente invisible del tiempo, manifestado momento a momento por el presente, y entendido en el pasado. Similarmente, el Padre es la fuente invisible, manifestado en el Hijo y comprendido sólo por el Espíritu Santo. 

Por otra parte, el espacio es altura, anchura y profundidad. La altura no es igual a la anchura, y la anchura no es igual a la profundidad. Pero tanto lo alto, como lo ancho y lo profundo no forman tres “espacios”, sino más bien, los tres son el “espacio”. Y como la altura, la anchura y la profundidad no se pueden separar ni funcionan por separado, así el Padre, el Hijo y el Espíritu no pueden trabajar por separado (Juan 5:17-30,32; Juan 10:30). Pero también encontramos un paralelo entre el espacio y la Trinidad. La altura se ve en la anchura y se experimenta en la profundidad. Similarmente, el Padre se ve reflejado en el Hijo, y el Hijo se experimenta en el Espíritu Santo. Cualquier punto en el espacio conlleva estas tres dimensiones (alto por ancho por profundo), por lo que Dios – en su totalidad – conlleva al Padre, Hijo y Espíritu Santo. De esto se trata “la matemática de la Trinidad”, 1 x 1 x 1 = 1. 

Y por último, la materia la encontramos en tres estados: sólido, líquido y gaseoso. Lo sólido no es igual a lo líquido, y lo líquido no es igual a lo gaseoso. Pero tanto lo sólido, como lo líquido y lo gaseoso no forman tres “materias”, sino que los tres son “materia” simultáneamente. Así podemos ver – por ejemplo – agua en estado sólido, agua en estado líquido y agua en estado gaseoso, pero a pesar de tratarse de tres estados de la materia distintos, siguen siendo “agua”. Algo similar ocurre con Dios. Cuando vemos al Padre, vemos a Dios, pero cuando vemos al Hijo también vemos a Dios, y cuando vemos al Espíritu Santo también vemos a Dios (Juan 14:9).
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31 diciembre 2016

¿Qué son las filacterias y por qué los fariseos las ensanchaban?

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Cuando Jesús comenzó a hablarles a los líderes religiones acerca de su hipocresía, mencionó entre muchas cosas, que ensanchaban sus filacterias para ser vistos por los hombres (Mateo 23:5). Esta es la única vez que se menciona la palabra filacterias en la Biblia. Entonces, ¿Qué eran las filacterias, y por qué los fariseos las ensanchaban?

 
Pues bien, las filacterias (tefilin) eran dos cajitas de cuero delgado negro que contenían pequeños pergaminos con pasajes de las Escrituras en su interior, y que los judíos usaban atando una en su frente y la otra en el brazo, como un intento literal de cumplir el mandamiento del libro de Deuteronomio: 

“Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos.” Deuteronomio 11:18 

Ambas cajas contenían pergaminos con cuatro pasajes de las Escrituras: Deuteronomio 6:4-9; Deuteronomio 11:13-21; Éxodo 13:1-10 y Éxodo 13:11-16. Una de las cajas - el tefilin de la cabeza - era amarrada sobre la cabeza por encima de la frente para estuviese cerca de la “mente”. Sólo medía 1 pulgada (2 cm.) y contenía cuatro pequeñas celdillas para guardar en cada una de ellas los cuatro pasajes escritos en pequeños pergaminos. La otra caja - el tefilin del brazo - era amarrada al brazo izquierdo cerca del codo para que estuviese cerca del “corazón”, con una correa de cuero envuelta alrededor de la mano izquierda y del dedo medio de la mano. Medía media pulgada (1 cm.) y sólo tenía una celdilla, donde los cuatro pasajes se escribían en un único y pequeño pergamino. (Los cuatro evangelios traducidos del griego al español, Guillermo Harris).

De esta manera, durante el día y especialmente en la oración, los judíos se colocaban un tefilin en el corazón, otro en la mente y las unían por una correa de cuero a la mano, entendiendo que Dios y su Palabra debían estar en todo lo que pensaban, sentían y hacían. Algunos también lo veían como una señal reverencia ante los gentiles (Deuteronomio 28:10). Por ello, los fariseos del tiempo de Jesús no sólo las usaban para tener un rango social más alto, sino también las ensanchaban más de lo normal con el propósito de que fueran más visibles y así ostentar que ellos eran mucho más santos.
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27 diciembre 2016

El verdadero origen de la Navidad

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Muchas de las tradiciones de la Navidad ocultan extraños orígenes. Resulta interesante entonces preguntarnos, ¿cuándo comenzó a celebrarse la Navidad? ¿Por qué en 25 de diciembre? ¿Por qué adornamos un árbol navideño? ¿De dónde viene Santa Claus? ¿Por qué nos entregamos regalos? Aunque no lo creamos, la Navidad no es cristiana, ya que se celebraba cientos de años aún antes del nacimiento de Jesús.

El origen de la Navidad se remonta hasta Mesopotamia, cuna de la civilización mundial. La Biblia dice que Nimrod fue el primer poderoso del mundo, fundando ciudades como Babel y Nínive, entre otras, y estableciendo su propio gobierno en Babilonia (Génesis 10:8-12). Fue tan poderoso que llegó a ser adorado como divinidad. Pero cuando muere, su esposa Semiramis, quiso mantener el poder en Babilonia y afirmó que Nimrod había ascendido al cielo y se había convertido en el sol. Desde este momento, el culto al sol se transformaría en el más antiguo del mundo.


Una vez en el poder, Semiramis quedaría embarazada y afirmaría que los rayos del sol habían concebido al hijo que esperaba, y cuando nació, Semiramis afirmó que su hijo Tamuz era la reencarnación de su esposo Nimrod. Tamuz habría nacido exactamente en el solsticio de invierno, el 25 de diciembre en el calendario babilónico. Semiramis y Tamuz serían adorados como dioses, y con ello se instauraría uno de los cultos más antiguos de la humanidad, el culto madre e hijo. Con el tiempo, Semiramis sería adorada como la reencarnación de “Ishtar”, diosa de la fertilidad, y proclamada como “la reina del cielo”.

“Vosotros y vuestras mujeres hablasteis con vuestras bocas, y con vuestras manos lo ejecutasteis, diciendo: Cumpliremos efectivamente nuestros votos que hicimos, de ofrecer incienso a la reina del cielo y derramarle libaciones;” Jeremías 44:25 

Durante una caza, a la edad de 40 años, Tamuz muere en un extraño accidente con un jabalí, cayendo muerto sobre un tronco de árbol podrido. Semiramis afirmaba que de aquel tronco había nacido un pino. De ahí que cada 25 de diciembre las personas llevaran un pino al interior de sus casas como símbolo del renacimiento de Tamuz, y endecharan en su honor.

“Y me llevó a la entrada de la puerta de la casa de Jehová, que está al norte; y he aquí mujeres que estaban allí sentadas endechando a Tamuz.” Ezequiel 8:14 


De esta manera, el culto al dios sol – Nimrod – y el culto madre e hijo – Semiramis y Tamuz - se habían asentado definitivamente en toda la llanura de Sinar, lugar donde los babilonios construían la torre de Babel (Génesis 11), símbolo de su poder y centro de adoración y rituales. En este contexto, fue que Dios decidió confundir las lenguas y esparcirlos en toda la tierra, debido a que Babilonia no desistiría en su idolatría (Génesis 11:6-9).

Así, la religión babilónica llegaría a todas las partes del mundo y en todos los idiomas. Nimrod el dios sol, llegaría a todo el mundo con distintos nombres: en Egipto, se conoció como Osiris, en Canaán como Baal, en Fenicia como Moloc, en Persia como Bel, en Grecia como Zeus, etc. Incluso en Roma, durante las fiesta de “Saturnalias”, los romanos celebraban el nacimiento del Sol invictus el 25 de diciembre, como herencia del culto a Nimrod reencarnado en Tamuz y su nacimiento.

 
El culto madre e hijo también haría lo mismo: en Canaán se conoció como Astarté y Baal, en Egipto como Isis y Osiris, en Phyrigia como Nana y Atis, en China como Shing Moo y su hijo, en India como Devaki y Krishna, en Grecia como Afrodita y Eros, y en Roma como Venus y Cupido.

Con el paso del tiempo, la adoración al dios sol adoptaría nuevas formas. Mientras que en Moab adoraban a Quemos, en Amon lo hacían con Moloc, el mismo dios de la prosperidad al cual la gente presentaba una lista de peticiones y para que éstas fueran cumplidas entregaban a sus hijos para quemarlos en sacrificio en el fuego. Este dios más tarde se conocería en Persia como Mitra, dios del sol, caracterizado por su gorra frigia.


Mientras que en Egipto, en los rituales al dios sol del 25 de diciembre, Rá era representado castrándose a sí mismo. Este mismo ritual se trasladaría a Grecia, donde Atis era el dios sol que se castraba a sí mismo, y que fue herido por un jabalí. Con el tiempo, este culto se uniría con el árbol babilónico en las casas y que sería adornado con bolas plateadas y doradas representando los testículos de Rá. Esta fue la costumbre que habían adoptado algunos israelitas.

“Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril. Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva. Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder.” Jeremías 10:3-5 

Una vez que el mundo estaba bajo dominio romano, en el año 312 d.C. el emperador Constantino convirtió el cristianismo en la religión oficial del Imperio. De esta manera, muchos de los cultos y rituales se adaptaron al cristianismo. El culto madre e hijo se transformó en María y Jesús, y más adelante, dado que el 25 de diciembre ya era celebrado por los romanos como el nacimiento del sol, y para evitar conflictos con el cristianismo, en el 354 d.C. la Iglesia Católica Romana estableció este día como el día oficial del nacimiento de Jesús.

El árbol adornado de bolas plateadas y doradas se transformó en el árbol navideño. El dios de la prosperidad con una gorra frigia a quien la gente le presentaba sus peticiones para el año se fusionó entre otras leyendas con la del obispo Nicolás de Bari del siglo IV d.C. para transformarse en Santa Claus, el que finalmente sería modernizado en un aviso publicitario por Coca-Cola en 1931.


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18 diciembre 2016

El primer día de la semana

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En tiempos de Jesús, los judíos no usaban el sistema romano actual para fijar las horas del día. Para nosotros el día comienza a la medianoche (00:00 hrs), mientras que para los judíos comienza a la hora en que el sol se esconde (más menos a las 18:00 hrs). 

Pero los judíos tampoco usaban el sistema romano para nombrar los días de la semana, es decir, lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo. De hecho, los judíos ni siquiera tenían nombres para los días de la semana, excepto el séptimo día al que llamaban sábado (sabbath). Por ello, nunca encontraremos en el Nuevo Testamento la palabra “lunes”, “martes” o “jueves” para referirse a un día en particular, puesto que no los usaban. Entonces, ¿cómo llamaban los judíos los días de la semana? 


Pues bien, dado que el sábado era el día más importante para los judíos, ellos nombraban los días en el orden que ocupaban entre un sábado y otro (sabbaton o sabbatou). De esta manera, el domingo era el primero después del sábado, el lunes el segundo después del sábado, el martes el tercero después del sábado, y así sucesivamente. Así que el nombre de cada día de la semana judía era: primero de los sábados, segundo de los sábados, tercero de los sábados, y así sucesivamente. En muchos textos judíos, especialmente en el Talmud babilónico, se señala claramente cómo los judíos usaban este método, donde el sábado era la referencia para el resto de los días de la semana (Apologetics Press). 

En el Nuevo Testamento encontramos ochos versículos con este tipo de expresión, y en todos ellos podemos leer literalmente la frase el “primero de los sábados” (mia ton sabbaton) en referencia al día domingo, y que ha sido traducida correctamente por los eruditos en griego como “primer día de la semana”, dándole a la palabra sabbatou el sentido correcto de “semana” o un “intervalo de siete días”. Por ejemplo, los hechos relatados el día en que se halló que la tumba de Jesús estaba vacía (Mateo 28:1; Marcos 16:2,9; Lucas 24:1; Juan 20:1), cuando Pablo se reunió con los cristianos en Troas (Hechos 20:7), y cuando Pablo pidió a la iglesia de Corinto que apartaran algo de lo que ganaban (1 Corintios 16:2), todos ellos ocurrieron el primer día de la semana. 

Sin embargo, algunos no aceptan que la frase “primero de los sábados” sea una referencia al “primer día de la semana” o “domingo”. Insisten en que la palabra griega sabbatou debiera traducirse como “sábado” y no como “semana”. De esta manera, argumentan que los hechos relatados en los evangelios respecto de la resurrección de Jesús no ocurrieron un domingo, sino un sábado. Pero si consideráramos este punto de vista existen algunos problemas. Jesús usó la misma la palabra en la parábola del fariseo y el publicano, cuando dijo que el fariseo ayunaba dos veces a la semana (sabbatou). Claramente la palabra sabbatou en este caso sólo puede traducirse como semana, puesto que el fariseo no podría ayunar dos veces el sábado (Lucas 18:11-12).
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25 septiembre 2016

Génesis 15: El Pacto de Vida o Muerte

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Dice la Biblia que Dios le prometió a Abraham que haría de él una nación grande, y que a través de él todas las familias de la tierra serían benditas (Génesis 12:2). Más tarde, Dios le repetiría estas palabras diciendo que así como las estrellas del cielo sería su descendencia (Génesis 15:5). También le haría la promesa de que heredaría la tierra (Génesis 15:7).
 

Sin embargo, en aquellos tiempos los extranjeros no les era permitido poseer tierra, por lo que Abraham inmediatamente pregunta ¿cómo estaría seguro de que poseería la tierra prometida? (Génesis 15:8). La respuesta de Dios es aún más intrigante: ¡Tráeme un becerra, una cabra, un carnero, una tórtola y un palomino! (Génesis 15:9) Pareciera que la respuesta de Dios no tiene sentido con lo que Abraham le había preguntado. Sin embargo, para Abraham inmediatamente tuvo sentido.

En nuestros días, cuando dos partes se comprometen en algo, redactan un contrato con las especificaciones del acuerdo y lo firman. Sin embargo, en los días de Abraham los pactos muy importantes se hacían a través de un ritual muy raro y sangriento. Este ritual consistía en tomar algunos animales y cortarlos por la mitad longitudinalmente (desde la cabeza hasta la cola). Luego, cada mitad se ponía una frente a la otra quedando un pasillo de sangre en medio:

“Y tomó él todo esto,y los partió por la mitad,y puso cada mitad una enfrente de la otra;mas no partió las aves.” Génesis 15: 10 

Para el acuerdo, las partes debían cruzar este pasillo manchando con sangre sus vestiduras, y cuando se encontraban al medio intercambiaban promesas solemnes y maldiciones. Cuando cruzaban ambos decían: ¡Que así sea hecho si no cumplo con mi parte del pacto! Así este pacto era de vida o muerte. Si una persona rompía el acuerdo, la otra persona lo buscaba y lo mataba de una manera brutal, sangrienta y dolorosa, simbolizado en el descuartizamiento de los animales y la sangre por la cual ambos caminaron. Por ello, este ritual era conocido como el “pasillo de la muerte”, un pacto muy serio.



Esta práctica, aunque rara, era muy común en las comunidades del desierto del Medio Oriente en los días de Abraham, y partes de este ritual aún se sigue usando en la actualidad en algunas tribus de África. Más adelante, el ritual aún seguía usándose en los días del profeta Jeremías:


“Y entregaré a los hombres que traspasaron mi pacto,  que no han llevado a efecto las palabras del pacto que celebraron en mi presencia,  dividiendo en dos partes el becerro y pasando por medio de ellas; a los príncipes de Judá y a los príncipes de Jerusalén,  a los oficiales y a los sacerdotes y a todo el pueblo de la tierra,  que pasaron entre las partes del becerro,” Jeremías 34:18-19


Abraham tenía en mente realizar este mismo ritual con Dios. Sin embargo, cuando llegó el tiempo para hacerlo, dice la Biblia que Dios puso a Abraham en un “sueño profundo” (Génesis 15:12). La misma palabra se usa cuando Dios hizo caer en un sueño profundo a Adán y creó a Eva de una de sus costillas (Génesis 2:21). Se entiende entonces que Dios estaba por crear algo especial.

Mientras Abraham dormía, un horno humeando y una antorcha de fuego pasaban por el pasillo de sangre (Génesis 15:17). Todos los comentaristas concuerdan en que la presencia física de Dios se manifestó en la forma de estas dos figuras, y que al pasar solo por en medio de la sangre de los animales el pacto se volvió incondicional, donde Abraham no tomó parte del proceso ni asumió los compromisos legales. Fue aquel mismo día que Dios hizo un pacto con Abraham (Génesis 15:18).



Sin embargo, existe otra interpretación complementaria y muy interesante que le da un sentido mucho más potente a Génesis 15. Según followingmessiah.org, tanto Dios como Abraham sí participaron del ritual, pero fue Dios quien tomó lugar por Él mismo y por Abraham cuando éste dormía. ¿Por qué Dios no permitió que Abraham participara del ritual? Por una sencilla razón. Dios es eterno, y por lo tanto, por su lado el pacto sería eterno. Pero Abraham algún día moriría como todos los hombres, y por su lado el pacto moriría con él. Por ello, Dios pasó en su lugar para que por las dos partes el pacto fuera eterno. Esto significaba también que Dios asumía la responsabilidad legal de que Abraham cumpliera el pacto por su parte. 

Ahora bien, como ambos llevaron a cabo el ritual, ambos estaban comprometiéndose  legalmente. Por una parte, Dios estaba prometiendo guardar y mantener el pacto hecho a Abraham y a sus descendientes. Por la otra parte, Dios mismo – al pasar en lugar de Abraham por el pasillo de sangre- asumía la responsabilidad de asegurarse de que Abraham cumpliera su parte del pacto. Si alguno de los dos incumplía el pacto debía morir.  

¿Cumplieron ambos el pacto? Dios sí, pero Abraham y sus descendientes en muchas ocasiones no. Una de esas ocasiones se describe en Éxodo 32 y el becerro de oro. Entonces, si Abraham y sus descendientes no cumplieron, ¿quién debía morir? Esa es la gran pregunta. Dado que Dios tomó el lugar de Abraham en el ritual, entonces Dios asumía la responsabilidad legal si Abraham cumplía o no el pacto. Y como los descendientes de Abraham no cumplieron el pacto, ¡entonces Dios tenía que cumplir con su muerte! Si era así, ¿cómo Dios, que es Espíritu, podría morir físicamente y de una manera brutal, dolorosa y sangrienta, tal como el becerro en el ritual que había llevado a cabo con Abraham? La respuesta es lógica y obvia: ¡Dios debía volverse hombre como nosotros y morir para cumplir el pacto! 

Pues Dios mismo se encarnó y nació de una virgen (Lucas 2:30-33), siendo Dios y judío, descendiente de Abraham, la representación de las dos partes del pacto en Génesis 15. Jesús se refiere a que Abraham fue testigo de su venida y muerte (Juan 8:56). La muerte y resurrección de Jesús mantiene vigente el pacto entre Dios y Abraham y sus descendientes. ¡Y este pacto también es para nosotros!


“Y si vosotros sois de Cristo,  ciertamente linaje de Abraham sois,  y herederos según la promesa.” Gálatas 3:29

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