Probablemente este sea el versículo más famoso del Nuevo Testamento: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16). El evangelio de Juan nos dice que Dios envió a su Hijo Unigénito al mundo. Aquí la palabra unigénito se traduce de la palabra griega monogenes, que significa único engendrado [1]. Pero, ¿cómo deberíamos entender que Jesús sea “el único engendrado”? 

En primer lugar, la palabra único implicaría pensar que Jesús es el “único” hijo de Dios. Sin embargo, la Biblia nos dice que hay muchos hijos de Dios. Por una parte, los ángeles son llamados “hijos de Dios” (Génesis 6:2; Job 1:6; 2:1; 38:7). También los hombres, en general, son llamados “hijos de Dios” por creación de Dios (Malaquías 2:10; Juan 8:41). En la genealogía de Lucas, por ejemplo, el primer hombre Adán es llamado “hijo de Dios” (Lucas 3:38). También están los creyentes, que han recibido a Cristo y han creído en su nombre. Todos ellos han recibido la potestad de ser llamados “hijos de Dios” (Juan 1:12; Romanos 8:15). Entonces, si hay otros hijos de Dios en las Escrituras, ¿en qué sentido Jesús es el Unigénito? 

Pues, podemos entender el concepto de unigénito con otro caso mencionado en la Biblia. El Nuevo Testamento también llama “unigénito” a Isaac, hijo de Abraham: “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito” (Hebreos 11:17). Sabemos que Abraham tuvo muchos hijos, no solamente a Isaac (Génesis 16:15-16; 21:1-3; 25:1-2). Por tanto, el término “unigénito” significaría algo más que simplemente “hijo único”. 

En la historia del sacrificio de Isaac relatada en el Antiguo Testamento, Dios le dice a Abraham: “Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré” (Génesis 22:2). Aquí Dios llama a Isaac “el único” hijo de Abraham. Para este momento Abraham ya tenía otro hijo llamado Ismael. Entonces, ¿es posible que Dios se hubiera confundido o se hubiera olvidado de Ismael? La respuesta se encuentra en el entendimiento hebreo de la palabra. 

En la historia de Isaac, la palabra unigénito se traduce de la palabra hebrea yachid. La palabra yachid tiene varios usos en la Escritura. Por una parte, la palabra yachid significa solo, en referencia a un hijo único (Génesis 22:2,12,16; Jueces 11:34; Jeremías 6:26). También puede significar solitario (Salmos 26:16; 68:6). Pero también puede significar amado o de valor inestimable (Salmos 22:20; 35:17; Proverbios 4:3). Este probablemente sea el sentido correcto de la palabra “unigénito”. En la Septuaginta (traducción de las Escrituras desde el hebreo al griego), la palabra hebrea yachid se tradujo como agapetos, que significa amado [2]. En efecto, Isaac era el hijo amado de la vejez de Abraham. 

En el Nuevo Testamento, Dios usó la misma palabra para referirse a Jesús en el monte de la Transfiguración: “Este es mi Hijo amado [agapetos], en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mateo 17:5). Por tanto, la palabra hebrea “yachid” se podría entender mejor como “único y especialmente amado”. Jesús es el Hijo único y especialmente amado por el Padre. 


En segundo lugar, la palabra engendrado podría traer un poco de confusión. En los primeros siglos del cristianismo, algunos grupos como los arrianos (actualmente conocidos como unicitarios) creen que la palabra engendrado implica que el Hijo de Dios tuvo un principio, es decir, fue creado por el Padre. Sin embargo, engendrado y creado son dos cosas muy diferentes. 

En el contexto del Antiguo Testamento y el Antiguo Cercano Oriente, la palabra hebrea holid (engendrar) no se refiere meramente a un nacimiento biológico. Por una parte, la palabra “engendrado” significaba “tener la misma naturaleza y ser exactamente igual a”. Esta idea se desprende de las Escrituras. En Génesis se nos dice que Adán “engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set” (Génesis 5:3). Aunque Caín y Abel también eran hijos de Adán, la Biblia sólo dice que Set fue engendrado por Adán [3]. 

La Biblia también dice que “Abraham engendró a Isaac” (Génesis 25:19). El Midrash Rabbah, una colección de comentarios judíos sobre la Torá, explica este versículo de la siguiente manera: “Y está escrito: 'Estas son las generaciones de Isaac, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac', para enseñarnos que era parecido a su padre en todos los sentidos; en belleza, sabiduría, riqueza y buenas acciones” [4]. Aunque Ismael también era hijo de Abraham, la Biblia nunca usa la palabra engendrar en relación con Abraham e Ismael, solo con Isaac. 

De la misma manera, Jesús es engendrado por el Padre en el sentido que él es la imagen y semejanza exacta del Padre, la naturaleza plena de su Padre. Jesús dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). El apóstol Pablo escribe lo siguiente: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). Por tanto, aunque hay otros hijos de Dios en la Escritura, Jesús es el único Hijo que tiene la naturaleza plena de su Padre, “la imagen misma de su sustancia” (Hebreos 1:3). 

Por otra parte, la palabra engendrar también era usada frecuentemente por los monarcas del Antiguo Cercano Oriente para legitimar su derecho divino al trono. En Egipto, por ejemplo, se creía que el faraón era engendrado por el dios sol, mientras que en Mesopotamia se decía que los reyes eran “adoptados” por los dioses [5]. Sin duda, el pensamiento de las naciones vecinas influyó en el antiguo Israel, aunque con algunos matices. 

En Israel, los reyes no eran considerados divinos como en el resto de las naciones del Antiguo Cercano Oriente, pero sí eran considerados engendrados por Dios. En las Escrituras hebreas, los hijos de David fueron legitimados en el trono de Israel bajo la promesa divina de que cada uno de los sucesivos reyes sería engendrado por Dios como un hijo: “Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo” (2 Samuel 7:14). Esta promesa alcanzaría su culminación con el Mesías: “Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy” (Salmos 2:7). 

En este salmo mesiánico, cuando Dios dice “Yo te engendré hoy”, claramente no significa que el Mesías “nacerá ese día”. Más bien, la frase “engendrar hoy” se refiere al día cuando Dios declare al Mesías como su Hijo y le entregue toda autoridad para sentarse en el trono como rey. Pues, en el libro de Hechos, Pablo afirma que esta profecía se cumplió en Jesús el día cuando Dios lo resucitó de entre los muertos: “Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy” (Hechos 13:32-33). 

En el libro de Romanos, Pablo también dice que Jesús “fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Romanos 1:4). Por lo tanto, aunque hay otros hijos de Dios, Jesús es el único Hijo que ha recibido todo dominio y autoridad para sentarse en el trono a la diestra del Padre. 

Por último, debemos agregar otro antecedente. Algunas investigaciones señalan que la palabra monogenes tendría un significado algo diferente, pero mucho más profundo. Se suele pensar que la palabra monogenes deriva de las raíces griegas mono (único) y el verbo gennao (engendrar), y que significa “único engendrado”. Pero los expertos en griego descubrieron en los últimos años que la palabra monogenes realmente deriva de las raíces griegas mono (único) y genos (género, clase, tipo). Por lo tanto, el término significaría “único en su clase” [6]. 

Esta interpretación cobra sentido a la luz de las Escrituras. La Biblia dice que, aparte de Jesús, también hay otros hijos de Dios. Sin embargo, Jesús es el Hijo “único en su clase”. Aunque los ángeles son llamados “hijos de Dios” (Génesis 6:2; Job 1:6; 2:1; 38:7), a ninguno de ellos Dios dijo jamás: “Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy” (Hebreos 1:5), ni a ninguno de ellos dijo jamás “Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies” (Hebreos 1:13), sino solamente a Jesús. ¡Ningún otro hijo es como Jesús! ¡No hay otro como Él!


REFERENCIAS

[1] Concordancia Strong, G3439.
[2] Concordancia Strong, G27.
[3] Cliffton H. Payne Jr. "The ´Only Begotten´ Son". JC Studies. Disponible aquí.
[4] Midrash Rabbah, Shemot Rabbah 1.
[5] Encyclopedia.com. "Kingship In The Ancient Near East". Disponible aquí. 
[6] Michael Heiser (2015). "The Unseen Realm: Recovering the Supernatural Worldview of the Bible".