27 julio 2013

¿Por qué Jesús fue crucificado a la hora tercera y expiró a la hora novena?

Los Evangelios señalan que Jesús fue crucificado a la hora tercera después de la salida del sol, según el horario judío. Eso quiere decir que Jesús fue crucificado a las 9 a.m. También nos dicen que estuvo seis horas en la cruz, hasta la hora novena (3 p.m.), hora en la cual expiró. ¿Por qué Jesús fue crucificado a la hora tercera? ¿Por qué Jesús expiró a la hora novena? ¿Qué significado tienen estas dos horas para nosotros?


La respuesta se halla en el Antiguo Testamento. Puesto que el pecado separaba al pueblo judío de Dios, los sacerdotes debían hacer algunos sacrificios conforme a lo que Dios mismo les había ordenado con el fin de interceder por todo el pueblo. Uno de estos tiene una especial importancia en relación al tema que estamos analizando. La Biblia nos dice:


"Esto es lo que ofrecerás sobre el altar:  dos corderos de un año cada día,  continuamente. Ofrecerás uno de los corderos por la mañana,  y el otro cordero ofrecerás a la caída de la tarde. (...) Esto será el holocausto continuo por vuestras generaciones." (Exodo 29:38-39,42)"
 

Esto era conocido como el "sacrificio continuo" (tamid), que consistía en sacrificar dos corderos al día, uno en la mañana y otro en la tarde. Era uno de los sacrificios más memorables y que quizás menos recordamos. Según las tradiciones judías el sacrificio de la mañana se hacía a la hora tercera, y el sacrificio de la tarde a la hora novena. De esta manera, este ritual tenía un gran trasfondo profético, pues hablaba de Jesús y su sacrificio en la cruz.


El evangelio de Marcos nos dice que Jesús fue crucificado a la hora tercera (Marcos 15:25), que desde la hora sexta hasta la hora novena hubo tinieblas sobre toda la tierra (Marcos 15:33) y que en esa hora, a la hora novena, Jesús dando una gran voz expiró (Marcos  15:37). Estas dos horas coinciden perfectamente con las horas en las cuales los judíos sacrificaban diariamente los corderos en el Templo: la hora tercera y la hora novena. ¿Qué nos dice todo esto? Nos dice que Jesús es el nuevo tamid, el verdadero sacrificio continuo, que reemplaza a todos los sacrificios que se hacían día a día en el Templo, puesto que el Cordero de Dios (Juan 1:36), el Cordero perfecto, fue sacrificado una vez y para siempre, y que su sola sangre es suficiente para limpiarnos de todo pecado. ¡Su sacrificio intercede por nosotros todos los días!

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